viernes, 2 de enero de 2026

Pleitos de lilos

Por muchos años fui un belicoso guerrero citadino que no desaprovechó la oportunidad de comprar peleas, muchas de ellas ajenas. La mayoría de las ocasiones sólo se trató de quitarse la camisa por alguno de mis amigos, bravucones profesionales especializados en meterse en problemas. Un día, simplemente, entendí que comprar pleitos ajenos no me dejaría nada bueno si quería llegar a viejo, así que opté por situarme como simple espectador.

Pienso lo anterior mientras veo a Scott Ian departir sus pastelillos de cumpleaños en un concierto de John Bush. ¡Esperen! ¿Acaso esos dos no estaban peleados? No sé si peleados sea la palabra correcta, pero tenía entendido que ninguno deseaba saber del otro. Según recuerdo, leí entrevistas donde a uno no le gustaba que le preguntaran sobre el otro mientras el segundo no desaprovechaba la oportunidad de despotricar contra el otro cuando se le preguntaba de su etapa en la banda.

Un caso similar ocurre entre Mick Mars y Nikki Sixx, de Mötley Crüe quienes en los últimos años parece que no se pueden ver y si acaso se encontraran, desatarían un infierno. No dejemos de lado los decires de Dave Mustaine hacia los miembros de Metallica que, seguramente, no desaprovechan la oportunidad de carcajearse en cada declaración que ofrece el pelirrojo. Los integrantes de Poison tenían lista una gira para este 2026 hasta que repentinamente uno dijo que prefería quedarse en casa y no volver a tocar con sus compañeros. En el rock mundial, los ejemplos son infinitos y seguro todos recordaron nombres como Roger Waters, Ritchie Blackmore o los hermanos Gallager. Nuestro país no es la excepción: el eterno desencuentro entre Alejandro Markovich y el resto de los integrantes de Caifanes es apenas un ejemplo.

Sin embargo, pienso nuevamente en el vídeo donde Scott Ian se encuentra en el concierto de John Bush e imagino que al final estamos entre caballeros y esas diferencias pueden dirimirse con un contrato y un abrazo, como ocurrió con los hermanos Gallager o Axl Rose y Slash.

Recientemente me ha tocado observar peleas entre personas cercanas a mí. Publicaciones en redes sociales con todo y capturas de pantalla en las que los otrora amigos se retan públicamente a desmentir hechos que a todos nos valen madres, pero que seguimos religiosamente hasta que alguno declina por cobardía o porque prefiere esperar un encuentro cara a cara como lo dictan las reglas del viejo oeste.

Hace unos meses presencié la pelea encarnizada entre dos amigos. Todo se desarrolló por redes sociales. De las publicaciones sarcásticas pasaron a las capturas de pantalla, después a las amenazas. Finalmente, a las denuncias. Muchos tomaron partido y después de las reacciones vinieron los bloqueos. Pensé que eso terminaría mal, pero un sábado los encontré bebiendo cervezas en una fiesta. Platicaban rodeados de otras personas. Imagino que los presentes querían detener una pelea encarnizada, pero al final los valientes sólo se dieron la mano y cada uno se retiró a su respectiva silla. Al final, terminaron bebiendo juntos. 

Escritores, músicos, poetas, artistas plásticos, editores o pelagatos de a pie cuyo oficio sin beneficio consiste en opinar las publicaciones de los otros, se convierten en un espectáculo en el que lo mejor es no tomar partido. Los años me han enseñado eso.

Decía Sabo Romo cuando se le preguntaba por el pleito entre Alejandro y Saúl: "pleito de lilos", haciendo referencia a lo que los mortales conocemos como puro "pájaro nalgón."

Mejor de lejitos aunque eso tampoco te exente de ganarte un pleito por no tomar partido.


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