lunes, 5 de enero de 2026

La Rosca de Reyes

El pollo rostizado nunca falla cuando la tarde apremia, pero pasadas las 3:00 de la tarde —cuando menos en mi comunidad—, es complicado conseguirlo en una rosticeria que se precie. En muchas venden pollos rezagados y en otras los pollos son engañosos pues aunque el ticket afirme que se trata de un pollo grande, lo que aprendí en el preescolar me dice que esa presentación ni siquiera es mediana. Las rosticerías de cadena cada vez son menos confiables.

En fechas recientes, prefiero los pollos del Sam's Club. Los califico como "pasables", así que aprovecho la membresía y el viaje para comprar una bolsa de papas, un vino y bollos. Me gusta comer pollo rostizado con bollos.  En la entrada, una mujer de chaleco azul me da la bienvenida mientras extiende el folleto con ofertas. Agradezco la atención no sin percatarme del hervidero de personas frente a una torre de roscas de reyes que esperan ser las elegidas, pero en pocos segundos me entero que la gente no quiere las tradicionales adornadas con ate y frutillas sino las que tienen nuez, lechera y queso Philadelphia. Evado la multitud y me dirijo a la panadería. Encuentro una fila de casi 30 personas.

—¿Es para panadería? —pregunto ingenuamente—.
—Si, pero es para las roscas de gourmet —responde una buenona de leggins y cabello enmarañado—.
—¿Roscas gourmet?
—Si. pero van a tardar en salir, según el encargado.

Metros adelante se escucha barullo. Un hombre enfundado en ropa deportiva manotea a un empleado que amablemente se dirige a él llamándolo "señor." Pinche energúmeno, pienso mientras camino a la rosticería sin perderme detalles del chismecito.

—Tú no puedes limitarme. Si quiero me llevo toda la tienda y tú no eres nadie para impedírmelo, por algo soy socio, pagué mi membresía.

Ajiú, ajiú, ajiú. Este tipo de personajes me fascinan. ¡No mames —pienso—, estamos en el Sams Club que básicamente es un Walmart de paga! Pero este es un ejemplo del falso poder de las membresías: le hace creer a los arrogantes que sus $600 anuales los convierten en accionistas mayoritarios de una madre en la que el único prodigio consiste en pagar por entrar a comprar. Ajiu, ajiu, ajiu. ¡Pendejo!

Los pollos rostizados aún giran en su carrusel con la varilla ensartada en la rabadilla. Aquí la gente es más amable y se limitan a presenciar al fanfarrón de la ropa deportiva que sigue alegando su derecho a comprar las roscas que él quiera sin que ningún empleado pueda limitarlo.

Elijo un pollo doradito y regreso a la panadería por una bolsa de bollos. El fanfarrón ha dejado de alegar y mira a todos con altanería, como si hubiera conseguido un triunfo. La buenona de los leggins me dirige una sonrisa mientras se amarra el cabello en un chongo. En ese momento una empleada avisa que las rosas gourmet están por salir mientras detrás, otro hombre empuja un carrito con varías cajas de roscas. La empleada pide a las personas que mantengan el orden. El fanfarrón se muestra ansioso, como niño "hartón" que desea todos los dulces de la piñata. La gente lo deja y a diferencia de los mamadores del Costco, aquí, el fanfarrón comienza a echar varias cajas en su carrito: una... dos... cuatro... cinco... seis... ocho... diez. Y se aleja. ¿Diez? ¿Tanto pedo por diez roscas? Quienes están detrás mueven la cabeza y sonríen. ¿Acaso se trata de un wannabe queriendo imponer moda en el Sams? Ni hablar.

En mi colonia hay más de cuatro puestos que ostentan la fantochería de vender postres y pasteles del Costco. Nadie en su sano juicio pela esas chingaderas. Hay mejores lugares para adquirir diabetes mellitus. No creo que alguien conocedor quiera una rosca gourmet del Sams. Un pollo rostizado sí, pero una rosca ni madres.

viernes, 2 de enero de 2026

Pleitos de lilos

Por muchos años fui un belicoso guerrero citadino que no desaprovechó la oportunidad de comprar peleas, muchas de ellas ajenas. La mayoría de las ocasiones sólo se trató de quitarse la camisa por alguno de mis amigos, bravucones profesionales especializados en meterse en problemas. Un día, simplemente, entendí que comprar pleitos ajenos no me dejaría nada bueno si quería llegar a viejo, así que opté por situarme como simple espectador.

Pienso lo anterior mientras veo a Scott Ian departir sus pastelillos de cumpleaños en un concierto de John Bush. ¡Esperen! ¿Acaso esos dos no estaban peleados? No sé si peleados sea la palabra correcta, pero tenía entendido que ninguno deseaba saber del otro. Según recuerdo, leí entrevistas donde a uno no le gustaba que le preguntaran sobre el otro mientras el segundo no desaprovechaba la oportunidad de despotricar contra el otro cuando se le preguntaba de su etapa en la banda.

Un caso similar ocurre entre Mick Mars y Nikki Sixx, de Mötley Crüe quienes en los últimos años parece que no se pueden ver y si acaso se encontraran, desatarían un infierno. No dejemos de lado los decires de Dave Mustaine hacia los miembros de Metallica que, seguramente, no desaprovechan la oportunidad de carcajearse en cada declaración que ofrece el pelirrojo. Los integrantes de Poison tenían lista una gira para este 2026 hasta que repentinamente uno dijo que prefería quedarse en casa y no volver a tocar con sus compañeros. En el rock mundial, los ejemplos son infinitos y seguro todos recordaron nombres como Roger Waters, Ritchie Blackmore o los hermanos Gallager. Nuestro país no es la excepción: el eterno desencuentro entre Alejandro Markovich y el resto de los integrantes de Caifanes es apenas un ejemplo.

Sin embargo, pienso nuevamente en el vídeo donde Scott Ian se encuentra en el concierto de John Bush e imagino que al final estamos entre caballeros y esas diferencias pueden dirimirse con un contrato y un abrazo, como ocurrió con los hermanos Gallager o Axl Rose y Slash.

Recientemente me ha tocado observar peleas entre personas cercanas a mí. Publicaciones en redes sociales con todo y capturas de pantalla en las que los otrora amigos se retan públicamente a desmentir hechos que a todos nos valen madres, pero que seguimos religiosamente hasta que alguno declina por cobardía o porque prefiere esperar un encuentro cara a cara como lo dictan las reglas del viejo oeste.

Hace unos meses presencié la pelea encarnizada entre dos amigos. Todo se desarrolló por redes sociales. De las publicaciones sarcásticas pasaron a las capturas de pantalla, después a las amenazas. Finalmente, a las denuncias. Muchos tomaron partido y después de las reacciones vinieron los bloqueos. Pensé que eso terminaría mal, pero un sábado los encontré bebiendo cervezas en una fiesta. Platicaban rodeados de otras personas. Imagino que los presentes querían detener una pelea encarnizada, pero al final los valientes sólo se dieron la mano y cada uno se retiró a su respectiva silla. Al final, terminaron bebiendo juntos. 

Escritores, músicos, poetas, artistas plásticos, editores o pelagatos de a pie cuyo oficio sin beneficio consiste en opinar las publicaciones de los otros, se convierten en un espectáculo en el que lo mejor es no tomar partido. Los años me han enseñado eso.

Decía Sabo Romo cuando se le preguntaba por el pleito entre Alejandro y Saúl: "pleito de lilos", haciendo referencia a lo que los mortales conocemos como puro "pájaro nalgón."

Mejor de lejitos aunque eso tampoco te exente de ganarte un pleito por no tomar partido.


sábado, 20 de diciembre de 2025

El poder de John Bush

Anthrax fue mi primera banda preferida. Antes que Pantera, Metallica o Cannibal Corpse, los oriundos de New York lograron atraparme con su sonido rápido.

A pesar de que entre mis compañeros de clase no existían seguidores del grupo, en algún intercambio de cintas me llegó la cinta Persistence of Time. Siguiendo la tradición adolescente de aquellos años, fui hasta el Samborns a buscar en las revistas de heavy metal alguna pista de ellos. Gracias a eso supe que ya tenían varios discos y me encapriché por conseguirlos, en ese momento apelando a lo más cercano a mis recursos económicos: la piratería. Debo decir que fue gracias a Anthrax que conocí a Testament, Exodus y a Slayer. Si bien, los últimos me resultaron más atractivos, nunca han superado esa extraña predilección por Anthrax.

Cursaba mis primeros meses de preparatoria cuando en la televisión abierta se lanzó un programa de vídeos musicales: El Planeta 6205. En su rotación había una sección dedicada al rock y si bien proyectaban por igual vídeos de bandas mexicanas como Maná, La Maldita Vecindad o Real de catorce, ahí pude ver también a grupos como Morbid Angel o Carcass.

Y fue justo en esa extraña rotación donde descubrí el vídeo Only aunque algunas cosas captaron mi atención de inmediato: el sonido no era el clásico del thrash, ni su vocalista era el matudo con copetito que conocía. ¡Qué más daba! Conecté inmediato con la canción y tuve que esperar la repetición del programa en la madrugada para cerciorarme que fuera el grupo que ya conocía. Y sí, eran los mismísimos Anthrax sólo que Joe Belladona se había ido del grupo y su lugar el micrófono estaba ocupado por un tal John Bush. Cabe aclarar que de eso me enteré después ya que todavía estábamos lejos de la era del Internet en el que las dudas se aclaraban con un poco más de tiempo.

Fui muy afortunado de tener amigos pudientes durante mis años de bachillerato. Pudientes y compartidos. Gracias a Guillermo y Julissa (en realidad a loss hermanos de la segunda) pude enterarme de los motivos que habían llevado a John a cantar en el grupo. Sabiendo mi devoción por Anthrax, Julissa no dudó en prestarme el Sounds of White Noise, álbum debut del otrora cantante de Armored Saint. Ese disco se convirtió en mi favorito. El sonido crudo le hace justicia al bajo y a la bateria y no le resta protagonismo a la guitarra de Scott Ian al tiempo de resaltar la voz rasposa de Bush logrando que ésta brille.

Si bien Only fue el sencillo más promocionado, para mí C11 H17 N2 O2 S Na se convirtió en mi canción preferida al grado que le pedí de favor a mi profesor de química, José Arévalo, que me dijera qué significaba aquella fórmula. No sólo lo hizo sino que también me explicó el uso de dicha droga lo que me ayudó a entender la canción una vez que mi maestra de inglés me ayudó con la traducción.

Ese álbum me gusta de principio a fin, pero además de Only y Sodium Pentathol, Porters Fields, Run for One y Black Lodge, son mis canciones preferidas, esta última por el trabajo vocal de Bush en el que demuestra que no sólo puede desgarrarse sino también cantar con moderación y sosiego.

Por alguna razón el álbum Stomp 442 no figuró durante muchos años en mi radar y fue hasta el 2006 o 2007 que lo escuché por vez primera. Caso diferente fue el Vol. 8: The Threat is Real que compré apenas lo vi en la tienda y donde participan Phil Anselmo y Dimebag Darrell, de Pantera, ya para entonces mi banda preferida. A ambas bandas las vi un año antes en el Palacio de los Deportes por lo cual me siento afortunado. Aunque Crush e Inside Out fueron los sencillos, mis canciones preferidas fueron Born Again Idiot, Killing Box, The Bends y Pieces donde toda la banda muestra una cara diferente al tocar canciones alejadas al atasque auditivo y en las que Bush nuevamente hace gala de su voz.

El último disco de John con la banda fue We´ve Come for You All y debo decir que al igual que con Stomp 442, pasaron varios años para que pudiera escucharlo.

Es una lástima que los discos en los que participó este cantante no hayan sido un éxito comercial para la banda y con excepción de Sounds of White Noise los otros tres estén considerados un fracaso total. Particularmente me parecen discos muy buenos, pero debo reconocer que se encuentran alejados al espíritu trashero del grupo, como si se tratara de otra banda. Considero que el peso de estar en una banda llamada Anthrax le cobró la factura a John Bush.

Hace pocos años mi amigo Jorge Tadeo, al conocer mi gusto por Anthrax me recomendó escuchar un super grupo llamado Categorý 7. Lo hice y me llevé una gran sorpresa. Con integrantes de Machine Head, Overkill, Exodus y Shadows of Fail, Bush vuelve a las andadas demostrando la clase de vocalista que es.

Hace un par de años tuve la fortuna de leer una entrevista en la que John relata su tortuoso pasado con Anthrax y donde reconoce su decepción por el poco reconocimiento a su trabajo afirmando que económicamente ganaba una miseria.

Escribo este texto a propósito de los tres conciertos que John Bush ofreció por estos días en Estados Unidos. Tres fechas para los fans que sí valoramos su paso por Anthrax y que estamos convencidos que su voz le dio fuerza y crudeza al grupo.

En el show celebrado en el mítico Whiskey a Go Go, el setlist fue el siguiente:


01. Potters Field
02. Random Acts of Senseless Violence
03. Refuse to be Denied
04. Inside Out
05. Cadillac Rock Box
06. Hy pro glo
07. Catarsis
08. 1000 points of Hate
09. Black Dhalia
10. Black Lodge
11. King size
12. Safe Home
13. Room for one More
14. Fueled

Encore:

15. What doesn¿t Die
16. Only

La envidia nunca es buena, pero hubiera ofrendado un alma ajena a cambio de presenciar ese set list y cantar frente al que desde mi gusto es el vocalista que más fuerza le ha dado a Anthrax: John Bush. A cambio me tengo que conformar con escribir este texto que él no va a leer.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Pide un deseo

Cierra los ojos y pide un deseo —dije con una voz que salió ridícula, casi paternal—. Perla sonrió antes de cerrar los ojos y cambiar su semblante de asombro por uno meditabundo, serio. Los cinco segundos que se mantuvo en silencio me parecieron eternos. Después sopló la vela y sin que yo se lo pidiera se lanzó sutilmente contra el pastel para darle una pequeña mordida.

Luego llegaron muchos abrazos y arrumacos. En lo más recóndito de mis pensamientos nacieron las ganas de hacer algo más, pero en ese momento me conformé con sentirla entre mis brazos.

* * *

Un destello de luz rompió el grosor de la cortina estrellándose directo contra mi cara. Me moví un poco. Descubrí un vacío al otro extremo de la cama. Me incorporé y aún somnoliento busqué mi reloj sobre el buró. Faltaban un par de minutos para las 5:00 de la tarde. El ruido del agua de la regadera me regresó del sueño.

Perla, con el cuerpo completamente enjabonado, sonrió cuando me vio cruzar la puerta del baño. Extendió su mano y me invitó a entrar con ella a la ducha. No me resistí. Al verme avanzar, se movió dos pasitos al costado para que yo quedara bajo la cascada. Siguiendo una costumbre que nació desde nuestro primer encuentro, comenzó a enjabonarme la espalda para después rodearme con sus brazos. Sentir sus pechos resbalosos aplastándose contra mi cuerpo, me resultó placentero. Deseé que esa sensación nunca terminara.

Acostados en la cama, esperamos a que se nos secara la piel. Mientras ocurre, Perla me platica boberías. Detecto contradicciones, pero no me atrevo a señalarlas por temor a que deje de contarme lo que piensa. Sé que cada fantasía esconde un deseo que yo estoy dispuesto a cumplir aunque pienso en el mayor impedimento: su esposo. A cambio, me conformo con estar con ella dos o tres veces al año. Su cumpleaños es nuestra fecha obligada.

—¿Cuál fue tu deseo la primera vez que te compré un pastel de cumpleaños? —le pregunto cada año mientras hacemos el ritual de pedir un deseo, soplar la vela, morder el pastel y partir un par de rebanadas. Hace nueve años que conozco la respuesta, pero me gusta que la repita—.
—¡Estar contigo!
—¡Lo sabía! Bueno, pide otro deseo.

Perla cierra los ojos y cambia su semblante por uno meditabundo, serio. Sopla la vela y de inmediato se lanza con sutileza contra al pastel. La crema que le queda en los labios la comparte conmigo a través de un beso empalagoso. Después, viene el verdadero obsequio.

Mientras disfruto su cuerpo, suena su teléfono.

—¡No respondas, por favor!
—Tengo que contestar, lo sabes, pero tú no te detengas.

Mis embates se vuelven feroces cuando escucho esa voz masculina exigiendo todas las explicaciones de su ausencia. Ella habla con tranquilidad reprimiendo cualquier ruido. Si penetro su cuerpo con más fuerza, ella ahoga los gemidos. Con intención,me vuelvo un bruto. Perla, en tanto, trata de ofrecer detalles para reafirmar sus mentiras. Quiero detenerla, decirle que hay muchas contradicciones en lo que explica. Hay cosas que ya ha dicho en años anteriores y  es muy probable que eso la delate. Es mejor que nos apuremos, que terminemos y entremos a la regadera para poder salir limpios del hotel.

* * *

Perla lleva una hora sobre la cama. Ni siquiera ha terminado de desnudarse y yo ya agoté la mitad del tequila que le compré para esta ocasión. No me gusta el tequila, pienso mientras la observo incorporarse y manotear. La voz en su teléfono le exige su presencia inmediata y amenaza con represalias que me parecen deun fanfarrón. Me dan ganas de arrebatarle el teléfono y terminar la llamada. Me contengo las ganas de arrancarle la ropa y hacerle el amor con las mismas ganas que el año anterior.

Me acerco para rodear su cintura y morder suavemente su cuello. Me evade. Los minutos transcurren y yo me desespero. Le toqueteo las nalgas en un juego que nunca falla, pero ella se aleja sutilmente. Camina directo al baño y se encierra. Minutos después escucho su llanto. No me atrevo a invadir su privacidad, pero han pasado casi dos horas y aún no he podido saludarla debidamente. Nunca debió casarse con ese tipo.

Entro al baño y la descubro bajo la ducha. Esta vez no me invita a colocarme bajo la cascada. Tomo la iniciativa y trato de enjabonar su cuerpo. Perla no se resiste, pero hay un desgano evidente. No está conmigo, no está en esta habitación. Sus lagrimas se confunden con el gua. Esta vez no esperamos a secarnos sobre la cama. No hay charlas bobas, ni fantasías acerca de lo que desea para un futuro a mi lado.

Aún mojados y enredados en las toallas apestosas a cloro damos inicio con el ritual que iniciado hace diez años, cuando la encontré por casualidad el día de su cumpleaños. Entonces su novio no llegó a donde la había citado para festejar y ella sólo buscaba a alguien que quisiera festejarla. Ni siquiera le pedí permiso para sentarme. Traté de animarla y le compré un pequeño pastel.

Igual que entonces, cuando era una adolescente, le pedí que cerrara los ojos y pidiera un deseo. Lo hizo y de inmediato me dijo que fuéramos a otro lado.

Esa tarde se prolongó hasta la madrugada. No importó que su teléfono no dejara de sonar.

—¡Sólo quiero festejar! Dime que vas a festejarme mi cumpleaños cada año. ¡Promételo!
—¡Lo prometo!
—¿Cada año, sin faltar a tu promesa? 
—Cada año...
—¿Pase lo que pase?
—Pase lo que pase.

* * *

—¿Cuál fue tu deseo cuando cumpliste 18 años?
—¡Que me cogieras!
—¿En serio?
—Ya lo sabes, pero esa vez no quisiste. ¿Te dio miedo? te perdiste mis mejores años y cuando pasó fue por mera casualidad. Fuiste tú, pero pudo haber sido cualquiera. iba a elegir al primero que llegara.

El teléfono suena y ella responde con desgano.

—¿Qué quieres? —una voz masculina se escucha lejana—. Si ya sabes ¿para qué me pides más explicaciones? Si, con él... Si, al rato... Si, como quieras.

Perla termina la llamada y me observa. Parece molesta. En esta ocasión no hay besos, no hay ducha ni el ritual del pastel que después de tantos años, parece sobrado. Saco de la bolsa el domo de plástico con un pastel individual. Ella no disimula su semblante incómodo y se postra frente al pastelito. 

—¡Pide un deseo!

Sin cerrar los ojos, se apresura a apagar la vela. Esta vez se abstiene de la mordida y guarda la tarta en el domo para después meterlo en la bolsa. Sin mayor protocolo se levanta de la cama y se dirige a la ventana donde se quita la ropa de forma apresurada. Cogemos por coger con el sonido del teléfono repicando a nuestras espaldas. Perla se aleja para responder. Me indica con un ademán que vaya nuevamente hasta ella. La penetro con la furia que provocan los celos. por primera vez no reprime sus gemidos. Cuando mis embates se vuelven salvajes, grita. Lanza el teléfono a la cama y me pide que termine.

Cinco minutos después sale de la habitación. Intento seguirla, pero algo me dice que es mejor dejarla sola.

Al salir, descubro el pastel en el bote de basura. Camino un tanto frustrado. 

Un par de golpes secos se escuchan en el ambiente. La gente grita. Una multitud se arremolina a mitad de la calle. yo ni siquiera me atrevo a voltear y reprimo todo intento regresar sobre mis pasos.

—¡Feliz cumpleaños, bonita! —me digo antes de escuchar otros dos golpes secos y sentir la vista nublada—.

Lo último que puedo escuchar es una voz que me maldice.

Al final, todo se pone negro.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Puertas

Desconozco de dónde proviene la milenaria tradición de adornar la puerta del salón de clases, pero se la ultramaman con ese detalle. La creatividad es supina y los gastos onerosos. Maestras y maestros establecen una mordaz batalla´por llevarse el triunfo en una competencia no oficial. Su esmero me recuerda la película Battle of the Bulbs donde dos hombres no escatiman en creatividad, egos y dólares para colocar el mejor adorno de luces en sus casas. Es casi lo mismo, pero aquí se usan foamy, tela y papel, por decir lo menos.

He visto puertas sencillas con un simple pino trazado con escarcha y decorado con esferas, pero también puertas que retratan la ciudad de Belén enalteciendo el pesebre donde nació Jesús. Y sí, con todo y figuritas de papel. "¡Qué humor!" —digo para mis adentros cuando aprecio los detalles—. Yo, que no soy capaz de adornar siquiera la puerta de mi casa, menos me imagino dedicando tiempo y recursos a una labor que el 7 de enero irá directo al bote de la basura.

Encontré un vídeo en el que una maestra platica que ella decora no sólo la puerta sino toda el aula porque seguramente ese será el único lugar donde sus alumnos vivan la navidad. La escucho hablar y sólo puedo pensar que su sueldo debe ser de los más altos dentro del magisterio. Calculo no menos de $3000 en papel y adornos para materializar una villa navideña. La Maestra también aclara que está por armar los dulceros y comprar las golosinas para sus pequeños. Entonces recuerdo que ahora está de moda ser creador de contenido y lo importante es destacar, figurar, convertirse en estrella digital. Todo sea por las vistas y los likes.

Amigas dedicadas a la docencia han comenzado a compartir en redes sociales sus puertas decoradas. Ver sus fotos y vídeos me hacen pensar en las habilidades, humor y paciencia que Dios me negó. Una de las puertas más bonitas es la de Emma que colocó un cascanueces y papel que simula un salpicón de nieve. Simple y bonita.

Estos días he observado a mis estudiantes poner empeño en la decoración del salón motivados por una de mis compañeras. Compran materiales, trazan moldes, recortan foamy, pegan papel, cuelgan series y se esmeran más que en sus clases diarias. Se muestran felices con la actividad. Guardo el más respetuoso silencio y a cambio recibo comentarios que me asemejan con un personaje llamado Grinch. "Soy más adepto de Krampus, pero nadie está preparado para esa charla", —pienso—.

Este año la Mtra. Margarita osó adornar la puerta de mi aula (en realidad todo el salón) pensando en encender la llama de mi espíritu navideño. Casi lo consigue. Lo bueno es que ya casi salimos de vacaciones y unos días en la playa me harán olvidar lo que significa la navidad con pinos, nieve, luces y nacimientos.

domingo, 7 de diciembre de 2025

La vida pasa

Éramos niños. Teníamos 6 o 7 años cuando murió Don Fernando Martínez, el esposo de Doña Rosa. Si lo pienso, no era tan grande, tenía 41 años el día de su deceso. Él y su esposa eran muy jóvenes, pero nosotros los veíamos como dos ancianos. En esos tiempos, para nosotros, todos los papás eran viejos.

Durante su velorio, los niños aprovechamos para jugar canicas y fútbol, también correteadas y escondidillas. De pronto, frente al llanto a gritos de los dolientes ahogábamos las risas y en silencio contemplábamos el dolor de los adultos. Después reanudábamos el juego.

Al caer la noche nos sentamos en la banqueta. Nuestras respectivas madres nos dieron pan y café con leche para merendar y todos, en un improvisado círculo, hablamos del difunto, del significado de la muerte y nos retamos para acercarnos al féretro. Las niñas fueron las más valientes. Rosa, Carmen y Rosalía hicieron una comitiva para ir ante los despojos de Don Fernando. Los demás esperamos en la banqueta.

Cuando las niñas regresaron no hubo comentarios, únicamente un profundo silencio. Ellas ya no quisieron platicar y de a poco se retiraron a sus casas a dormir porque si o sí, al otro día tendríamos que ir a la escuela mientras Fernando Martínez de la Garza, el papá de nuestro amigo Jorgito, era sepultado en el panteón municipal.

* * *

Me declaro abiertamente ateo, pero como muchos, recibí una formación católica que me ayuda en momentos como este. Con los dedos cuento cada Ave María y sé que los sábados se rezan los misterios Gloriosos: la resurrección y ascención del Señor, le venida del espíritu Santo y La Asunción y Coronación de la Virgen. Los que saben, entienden a qué me refiero.

A lo lejos escucho el juego de los niños y me recuerda cuando tenía 6 o 7 años. Juegan bajo la mirada lapidante de sus madres que exigen silencio y respeto. Yo sonrío mientras estiro el décimo dedo, escucho un “Gloria” y me santiguo con una cruz chueca formada con los dedos.

* * *

La vida te sitúa en diversos puntos: la alegría, la tragedia, la calma, el monotonía, el dolor. Cuando tenía 6 o 7 años el dolor de los adultos era motivo para que los niños siguiéramos siendo niños y aprovechamos las tragedias para jugar y reír.

Hoy entiendo el dolor de los mayores mientras veo las cruces hechas con flores y envidio la alegría de los niños que aún no saben de las pérdidas que vamos acumulando los más grandes. Espero que disfruten. La vida pasa rápido y en un tiempo a ellos también les tocará velar a sus seres queridos.

La rezandera lleva 13 aves María. Cree que no nos damos cuenta, pero los que estamos aquí aunque nunca vamos a la iglesia, algo le sabemos a los rosarios. En los últimos años hemos velado ya a varios de nuestros mayores.

lunes, 6 de octubre de 2025

Lo que nunca dijimos

"Han sido tantas despedidas que en verdad
dedicarte un verso más está de más."


En años recientes caí en el abismo de los gustos culposos siendo el pop en español un escape para entender las cursilerías del mundo. 
En esos gustos se han instalado por igual, viejas canciones de la década de los ochentas que mi madre escuchaba mientras realizaba los quehaceres de la casa y canciones que tuvieron su éxito hace dos décadas y que, apelando a la nostalgia, sus intérpretes revuelcan hasta el cansancio con tal de mantenerse vigentes. Así, quienes me conocen, ya no se escandalizan si a media reunión solicito escuchar y seguramente cantar, algún éxito de Emmanuel, Mijares, Belanova, Miguel Bosé, OV7, Ricky Martín, JNS, Flans o Belinda. Y esto no significa que mis gustos de toda la vida se hayan esfumado, por el contrario, sólo reconozco que llegué a una edad en la que poco me importan los prejuicios de los otros si yo puedo sacudirme los míos para sentirme feliz.

Escribo lo anterior a propósito del documental lanzado por HBO, Jesse & Joy: lo que nunca dijimos, una serie breve donde los hermanos Huerta se desnudan con sus seguidores y narran el lado oculto y oscuro de ser estrellas del pop en un entorno familiar con creencias religiosas que los pecadores habituales podemos considerar como inflexibles.

Mientras creímos que Jesse & Joy (el grupo) gozaba de fama y fortuna viviendo al puro estilo de los rock stars, nos enteramos que Jesse y Joy, (las personas) son dos hermanos que construyen su éxito a la sombra de su padre y sus creencias. Inflexible, entrometido y dictador, el hombre también es en parte el artífice de que sus hijos funcionen como una maquinaria perfecta dentro del show bussines lo que gesta a estos jóvenes como unas promesas musicales admirados por millones de fanáticos. Pero, ¿qué hay detrás de sus canciones? Dolor, drama, peleas, desesperación, violencia, malos entendidos y unos deseos tremendos por liberarse del yugo paterno pues es él quien ponía su toque en todas las canciones de los primeros álbumes del grupo.

La vida de Jesse y su matrimonio sin privacidad, la vida de la madre abnegada que debe callar y obedecer a su esposo, la vida del hermano mayor que vive en un entorno plagado de fricciones y la vida de Joy y sus ganas por ser libre, son el eje central de esta serie que muestra que “fama vemos, familias no sabemos.”

Inicialmente creí encontrarme un documental con una narrativa bonita plagada de lecciones edulcoradas que terminan en éxito, así anécdotas empalagosas como sus canciones, pero de a poco me vuelvo incrédulo frente a una exposición de dolor, enojos, rupturas y frustraciones que se entretejen detrás de su fama.

El momento crucial viene cuando Joy urge por lograr una independencia y como consecuencia viene la ruptura familiar que define el futuro de todos sus integrantes. Tras los distanciamientos entre el padre y la hija y entre la hija y los hermanos; las peleas en el seno de la banda, las dificultades para componer y hasta la incomodidad para salir al escenario; Joy consigue situar a su familia en su lugar, vivir como una joven normal y encontrar el amor en otra mujer, situación escandalosa que parece ser el último clavo en el ataúd de las maltrechas relaciones familiares.

Lo que nunca dijimos define en gran medida las dinámicas de muchísimas familias actuales donde la encrucijada no radica en conseguir el éxito sino en que el éxito consista en obtener el equilibrio y la salud emocional, independientemente de los problemas personales.

En algún momento hice una pausa para ver cada capítulo sin pensar en Jesse y Joy como los talentos que se paran en el escenario a compartir sus canciones y si, intentando entender a dos seres humanos, los hermanos Huerta, cuyo azar los colocó en el ojo de la fama mientras su vida privada estaba manipulada completamente por las creencias paternas.

El final, en el que los protagonistas mucho más relajados, hablan de su sentir sobre el control de sus vidas y el amor que se tienen a pesar de las circunstancias, corona con la explicación de una de sus canciones que edulcora el sin sabor que deja saber que no todo en su vida es bello, pero que puede mejorar en ciertas circunstancias. Por lo anterior, reafirmo a Jesse & Joy como uno de mis gustos culposos preferidos y cito: "Soy reservado, no lo tomes personal. Tanta cursilería me suele incomodar. Si me quedo sin palabras no es intencional, ¿Cómo expresar algo que yo no sé explicar? pero, lo voy a intentar." 

¡Gracias Joy, gracias Jesse!

jueves, 21 de agosto de 2025

Xava, el cantante de Cuisillos.

Eran los años en que no había Smartphones y el Internet era de alcance limitado. 

Para conocer las novedades musicales, en cuanto a rock y heavy metal, había tres medios: la radio con apenas un par de estaciones en la FM, las revistas de importación que leíamos en los Sanborns, y lo que llegaba de mano en mano gracias a quienes acudían religiosamente al Chopo. 

En la ENEP Acatlán tuve buenos dealers musicales. Sujetos que buscaban grupos para su consumo personal, pero también lo compartían con la banda. Los pasillos del Edificio 8 fueron caldo de cultivo para muchos que deseábamos escuchar a grupos desconocidos. En la UNAM parece una regla escuchar trova. Muchos lo evitamos y caímos en la dinámica de juntarnos con los que llevaban cintas y cedés de bandas de heavy metal difíciles de conseguir en el país por el precio.

La vez que llegué con la pandilla y los encontré escuchando a la Banda Cuisillos casi me infarto. Trve. Recuerdo haberme quedado a unos metros. Después de tres o cuatro canciones quitaron el disco pirata para regresar a la programación habitual. Estoy seguro que pusieron un disco de Armored Saint y fue cuando supe que de ahí salió John Bush.

     —¿Cuisillos? 
     —¿Qué no sabes? ¡El cantante es el mismo de Coda!

Quedé anonadado. Reconozco que Coda no es una banda que me guste mucho, pero su mayor hit forma parte innegable de mi soundtrack del desamor. Para reafirmar lo dicho pusieron a Cuisillos, No recuerdo la canción. Escuchamos con calma y comparamos. No cabe duda que el morbo mueve, Asentimos al unísono, la voz era del mismo cantante.

Los años, el internet y el cúmulo de datos inútiles que se almacenan en la memoria, convirtieron aquel mito en un chiste local. Xava nunca cantó en Cuisillos aunque si salió de gira con Ricky Martin. Xava no logró cantar con Tesla aunque sí lo hizo con Megatón. Xava el que no iba a ganar La Voz México. Xava, el que provocó que ahora tenga una predilección por Cuisillos. ¡Qué mamadas nos inventamos!

Lo único cierto es que Xava Drago, el de "Aún" de Coda, se ganó a diferentes públicos con su voz.

viernes, 8 de agosto de 2025

Rutina matutina

Siempre es bueno romper con la rutina, dicen. Hacer cosas diferentes.

Regreso de hacer mi trote matutino dispuesto a cambiar lo habitual. Busco entre los trebejos aquella cafetera que un día compré y que apenas usé un par de ocasiones antes de regresar a mis tradicionales mañanas de bebidas frías. A mí no me gusta el café. Escribo lo anterior consciente que le caeré como patada de hígado a muchos de mis lectores. Mientras el líquido gotea decido sacar una caja de galletas, esas que siempre tengo dispuestas para las visitas que nunca llegan.

Si se trata de salir de la rutina, decido que hoy no tengo ganas de comida sana aunque sé que no debe excederme. Huevos con tocino, un mollete con chistorra y un pastelillo de nuez son la solución. Enciendo la TV. En la pantalla un grupo de señoras juegan a hacerse preguntas cuyas respuestas a mí me valen madres. Cambio de canal. Mientras las dos hebras de queso se gratinan, sirvo el café cuyo sabor no sé si es bueno o malo, pero finjo que es una bebida preparada por los dioses. Todos deben saber que no me gusta el queso, pero un mollete sin queso sería una torta mal hecha.

En la pantalla un joven vestido de mujer baila con una buenona a la que insta a mostrar el pecho frente a la cámara. La mujer, guardando recato, se retira apenada hasta su lugar en un set que parece de concursos. Los invitados festejan la no gracejada y de inmediato el moderador decide relajar la situación haciendo preguntas cuyas respuestas también me valen madres. Dispongo el desayuno sobre una mesita y vuelvo a sorber el café.

Cambio nuevamente de canal y encuentro a un grupo de personas dispuestas a hacer un reto. Formaditos en hilera escolar aprecian un vídeo en una pantalla. En el vídeo se muestra a personas comunes y corrientes jugando hockey con trapeadores. El vídeo me parece inmamable, pero los conductores parecen estar dispuestos a replicar el reto. ¿Reto? ¡No mamen! Mientras ellos se divierten en su desmadre, decido servir otra taza de café y fingir que me la estoy pasando de lujo fuera de la rutina. Desconozco si alguien en su sano juicio tiene como hábito sentarse a ver programas matutinos donde los conductores se divierten haciendo pendejadas como si estuvieran en una reunión familiar sabatina.

El sabor del tocino me recuerda que últimamente no he estado bien, que debí pensármela dos veces antes de romper la dieta. La chistorra es sabrosa, pero una bomba para mi organismo. Termino el desayuno y dispongo de mis pastillas. Las coloco en hilerita, como si esperaran su turno en el patíbulo.

En la pantalla otro grupo de personas juegan en el set. No sé si realmente estén divertidas o fingen que se la están pasando a toda madre como parte de los términos y condiciones que les pusieron en el contrato. Apago el televisor y me dispongo a lavar los trastes, pero antes hago una pausa para terminar el libro que estoy leyendo y que me ha arrancado de todas las responsabilidades pendientes.

¡Qué grato es regresar a la rutina!

jueves, 7 de agosto de 2025

Recursos del bienestar

¿A qué se refiere la gratuidad en la educación? Al acto de no ofrecer algún tipo de dádiva o emolumento por recibir clases.

El argumento de la gratuidad es una herramienta que ha servido a miles de padres y madres de familia para no aportar un sólo centavo a las escuelas donde estudian sus hijos. Lamentablemente, pocas personas entienden que la gratuidad es un concepto que abarca únicamente el pago de docentes, no así el mantenimiento que se le da a las escuelas ni a los gastos que genera la operación de un edificio por pequeño que sea.

Cada inicio de ciclo de ciclo escolar los corajes de mujeres y hombres que no entienden este concepto, se descargan en los responsables de llevar a buen puerto la educación de sus hijos. Argumentos como: "la educación es gratis", "maestros rateros" "la sociedad de padres es una pantalla para darle dinero al director" y "usted no me puede condicionar la inscripción por el pago", son frases que evidencian que el sentido común en las personas es limitado o convenenciero, dependiendo de los hábitos y dinámicas familiares.

Mi escuela es una institución para jóvenes y adultos, dependemos del gobierno estatal, no tenemos edificios propios y tenemos estrictamente prohibido solicitar dinero por concepto de cualquier cosa. El gobierno, en cambio, exige metas institucionales y para lograrlo, nosotros tenemos que hacer circo, maroma y teatro porque cada peso para lograr las dichosas metas, sale de nuestros sueldos. Si el alumno no entrega una CURP actualizada, nosotros la imprimimos; si la alumna no trae copia del acta de nacimiento, nosotros la sacamos; las hojas de inscripción, corren por nuestra cuenta; los fólders para expedientes, nosotros los compramos; las impresiones de oficios y cualquier otro documento requerido por la autoridad educativa, nosotros las pagamos; los certificados, nosotros los imprimimos. Además, un certificado va impreso a color y en papel de cierto gramaje. El papel también corre por cuenta de nosotros. Gasto tras gasto, pero tenemos prohibido pedir dinero para recuperar un poco de lo que desembolsamos.

Como trabajar implica erogar sumas importantes, los docentes tenemos que echar a andar la imaginación para conseguir cada peso que "invertimos." En mi caso, la venta de PET, latas, libros y ocasionalmente, de materiales que son de uso común para los estudiantes como lápices, plumas, borradores y sacapuntas.

Sí, la educación para adultos goza de un romanticismo tremendo cuando se trata de sacar adelante a las personas en rezago educativo, pero además de tener a los docentes con los peores salarios también somos los que más dinero de nuestros bolsillos le metemos a nuestros estudiantes. No sé si eso lo contemple el Estado cuando se trata de ofrecer datos respecto a lo que cuesta un alumno por ciclo escolar. Lo dudo.

A lo anterior, sumo gastos tan básicos como la limpieza y mantenimiento de los espacios que nos prestan para impartir clases. En este aspecto, a veces los alumnos colaboran y donan material para el aseo, pero no es una constante.

En este ciclo escolar entre la venta de PET y latas se alcanzó la suma de $489 mientras que la venta de una plaquette que fue parte de un proyecto escolar, nos dejó $600 aunque a esta cantidad tenemos que restar los gatos de impresión que son de $285.

El panorama para la educación que atiende el rezago educativo nunca ha sido buena, pero en meses recientes está peor. Educación del bienestar, le llaman. Del bienestar ¿para quién? Ese es el dilema.