¿A qué se refiere la gratuidad en la educación? Al acto de no ofrecer algún tipo de dádiva o emolumento por recibir clases.
El argumento de la gratuidad es una herramienta que ha servido a miles de padres y madres de familia para no aportar un sólo centavo a las escuelas donde estudian sus hijos. Lamentablemente, pocas personas entienden que la gratuidad es un concepto que abarca únicamente el pago de docentes, no así el mantenimiento que se le da a las escuelas ni a los gastos que genera la operación de un edificio por pequeño que sea.
Cada inicio de ciclo de ciclo escolar los corajes de mujeres y hombres que no entienden este concepto, se descargan en los responsables de llevar a buen puerto la educación de sus hijos. Argumentos como: "la educación es gratis", "maestros rateros" "la sociedad de padres es una pantalla para darle dinero al director" y "usted no me puede condicionar la inscripción por el pago", son frases que evidencian que el sentido común en las personas es limitado o convenenciero, dependiendo de los hábitos y dinámicas familiares.
Mi escuela es una institución para jóvenes y adultos, dependemos del gobierno estatal, no tenemos edificios propios y tenemos estrictamente prohibido solicitar dinero por concepto de cualquier cosa. El gobierno, en cambio, exige metas institucionales y para lograrlo, nosotros tenemos que hacer circo, maroma y teatro porque cada peso para lograr las dichosas metas, sale de nuestros sueldos. Si el alumno no entrega una CURP actualizada, nosotros la imprimimos; si la alumna no trae copia del acta de nacimiento, nosotros la sacamos; las hojas de inscripción, corren por nuestra cuenta; los fólders para expedientes, nosotros los compramos; las impresiones de oficios y cualquier otro documento requerido por la autoridad educativa, nosotros las pagamos; los certificados, nosotros los imprimimos. Además, un certificado va impreso a color y en papel de cierto gramaje. El papel también corre por cuenta de nosotros. Gasto tras gasto, pero tenemos prohibido pedir dinero para recuperar un poco de lo que desembolsamos.
Como trabajar implica erogar sumas importantes, los docentes tenemos que echar a andar la imaginación para conseguir cada peso que "invertimos." En mi caso, la venta de PET, latas, libros y ocasionalmente, de materiales que son de uso común para los estudiantes como lápices, plumas, borradores y sacapuntas.
Sí, la educación para adultos goza de un romanticismo tremendo cuando se trata de sacar adelante a las personas en rezago educativo, pero además de tener a los docentes con los peores salarios también somos los que más dinero de nuestros bolsillos le metemos a nuestros estudiantes. No sé si eso lo contemple el Estado cuando se trata de ofrecer datos respecto a lo que cuesta un alumno por ciclo escolar. Lo dudo.
A lo anterior, sumo gastos tan básicos como la limpieza y mantenimiento de los espacios que nos prestan para impartir clases. En este aspecto, a veces los alumnos colaboran y donan material para el aseo, pero no es una constante.
En este ciclo escolar entre la venta de PET y latas se alcanzó la suma de $489 mientras que la venta de una plaquette que fue parte de un proyecto escolar, nos dejó $600 aunque a esta cantidad tenemos que restar los gatos de impresión que son de $285.
El panorama para la educación que atiende el rezago educativo nunca ha sido buena, pero en meses recientes está peor. Educación del bienestar, le llaman. Del bienestar ¿para quién? Ese es el dilema.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.