jueves, 11 de diciembre de 2025

Puertas

Desconozco de dónde proviene la milenaria tradición de adornar la puerta del salón de clases, pero se la ultramaman con ese detalle. La creatividad es supina y los gastos onerosos. Maestras y maestros establecen una mordaz batalla´por llevarse el triunfo en una competencia no oficial. Su esmero me recuerda la película Battle of the Bulbs donde dos hombres no escatiman en creatividad, egos y dólares para colocar el mejor adorno de luces en sus casas. Es casi lo mismo, pero aquí se usan foamy, tela y papel, por decir lo menos.

He visto puertas sencillas con un simple pino trazado con escarcha y decorado con esferas, pero también puertas que retratan la ciudad de Belén enalteciendo el pesebre donde nació Jesús. Y sí, con todo y figuritas de papel. "¡Qué humor!" —digo para mis adentros cuando aprecio los detalles—. Yo, que no soy capaz de adornar siquiera la puerta de mi casa, menos me imagino dedicando tiempo y recursos a una labor que el 7 de enero irá directo al bote de la basura.

Encontré un vídeo en el que una maestra platica que ella decora no sólo la puerta sino toda el aula porque seguramente ese será el único lugar donde sus alumnos vivan la navidad. La escucho hablar y sólo puedo pensar que su sueldo debe ser de los más altos dentro del magisterio. Calculo no menos de $3000 en papel y adornos para materializar una villa navideña. La Maestra también aclara que está por armar los dulceros y comprar las golosinas para sus pequeños. Entonces recuerdo que ahora está de moda ser creador de contenido y lo importante es destacar, figurar, convertirse en estrella digital. Todo sea por las vistas y los likes.

Amigas dedicadas a la docencia han comenzado a compartir en redes sociales sus puertas decoradas. Ver sus fotos y vídeos me hacen pensar en las habilidades, humor y paciencia que Dios me negó. Una de las puertas más bonitas es la de Emma que colocó un cascanueces y papel que simula un salpicón de nieve. Simple y bonita.

Estos días he observado a mis estudiantes poner empeño en la decoración del salón motivados por una de mis compañeras. Compran materiales, trazan moldes, recortan foamy, pegan papel, cuelgan series y se esmeran más que en sus clases diarias. Se muestran felices con la actividad. Guardo el más respetuoso silencio y a cambio recibo comentarios que me asemejan con un personaje llamado Grinch. "Soy más adepto de Krampus, pero nadie está preparado para esa charla", —pienso—.

Este año la Mtra. Margarita osó adornar la puerta de mi aula (en realidad todo el salón) pensando en encender la llama de mi espíritu navideño. Casi lo consigue. Lo bueno es que ya casi salimos de vacaciones y unos días en la playa me harán olvidar lo que significa la navidad con pinos, nieve, luces y nacimientos.

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