- ¿Por qué se desvía? - comenta el coordinador del sindicato al chófer del autobús. Se percibe molesto, pero también preocupado.
- Lo que pasa es que cerraron la Costera a la altura de La Diana. Vamos a tener que rodear.
Son las 6:20 a.m. Dentro del autobús hace frío. Mi compañera de viaje se cubre con una frazada. Afuera ha clareado y la lluvia que cae sobre Acapulco provoca que una sensación gélida se reafirme en la psique y el en cuerpo. Junto al autobús pasa un convoy de la Guardia Nacional.
Veinte minutos después nos detenemos frente al hotel Villas Acapulco. No nos permiten bajar. La mayoría de mis compañeros exigen una explicación, pero el chófer nos pide paciencia. Nos mantenemos media hora dentro del vehículo antes de recibir la indicación de descender con cuidado. El cambio de clima es agresivo. A pesar de la lluvia, el calor envuelve los cuerpos. Me quito la sudadera y avanzo al lobby. Después de una aventura -que es tema para otro relato- paso con el ultimo grupo a realizar mi registro.
- Lo lamento. Le asignaremos una habitación para usted solo - me dice el coordinador con cierta pena. Yo estoy feliz.
Una vez que me asignan las llaves, nos convocan a una reunión con el jefe de seguridad del hotel. Básicamente las instrucciones son: no salgan del hotel, si salen del hotel no tenemos responsabilidad sobre su seguridad, si cruzan el cerco preventivo de la playa es bajo su responsabilidad, si algo les pasa en la playa no es nuestra responsabilidad, y reafirma que evitemos abandonar las instalaciones del hotel.
Mi habitación está en la otra torre. Un botones me quita el equipaje y se ofrece a llevarme a la habitación. Mientras caminamos me da los pormenores de la reconstrucción del puerto, lo difícil que ha sido encontrar trabajo y lo que implica ganarse una moneda en estos meses. Al llegar a mi habitación me recomienda que no salga del hotel y se pone a mis ordenes si deseo algo de afuera:
- Yo se lo consigo. Lo que sea - dice después de hacer una pausa. Pero por favor, no salga del hotel. Hace rato se balacearon los malos aquí adelantito. Está mal que lo diga, pero Acapulco está caliente. Todavía está la guardia nacional a unos metros de aquí.
Le doy una propina generosa. Cierro la puerta y de inmediato me quito la ropa, lleno la tina a la mitad y me meto en ella para sentir el agua templada. Solo quiero dormir.
* * *
Tenia entendido que la cena sería en la playa, pero el clima nos traiciona y comienza a llover antes de las seis de la tarde, mientras estoy en el comedor saboreando un filete y un ceviche deliciosos.
A las 7 en punto bajo al lobby. La guayabera, obsequio de mi hija por mi cumpleaños, hace su trabajo y algunas compañeras me sonríen con sorpresa.
- ¡Qué bien se ve!
- Debería vestirse así más seguido.
- ¿Ya tiene pareja para el baile?
Mi compañera me observa a unos metros. Sonríe divertida. Ella viste de gala. Se ve muy bien. Nos dirigimos hacia la playa y nos informan que la cena será en el comedor, un espacio techado a un costado del mar. El DJ ameniza con música que a mi me resulta inmamable. Nada que un par de tragos puedan aliviar.
El ruido de cubiertos, risas, música y fiesta no me impiden escuchar algo que llama mi atención. ¿Cohetes? ¿Nos están dedicando cohetes? Pido al mesero que me traiga una limonada. Prefiero dejar de beber hasta que termine el evento protocolario con nuestro líder sindical. Mientras suena Dread Mar I alcanzo a escuchar el sonido de las sirenas. Muchas sirenas. No el canto de las sirenas que me invita a caminar hacia el mar sino el de las sirenas de los vehículos de seguridad pública. Mis compañeros ni en cuenta. Todos charlan, beben, coquetean y se cortejan. De pronto se escuchan las carcajadas, luego el choque del cristal tras los brindis. Yo sólo escucho el rumor de las sirenas.
Nuestro anfitrión llega dos horas después. Saluda a cada uno de los presentes, mesa por mesa. Su discurso no dura más de veinte minutos. Cuando se retira, decido ir a mi habitación. Mientras intento dormir escucho un par de ráfagas. Pasan los minutos y se escuchan las sirenas.
* * *
El domingo, a nuestro regreso, encontramos al menos tres retenes de la guardia nacional dentro del municipio de Acapulco. Después, otros tres en las inmediaciones. En la última semana se registraron el asalto a estudiantes de enfermería dentro de su misma escuela, la matanza de varias personas, el hallazgo de dos cuerpos en la playa, restos humanos esparcidos a lo largo de la Costera Miguel Alemán, más asesinatos y más cuerpos abandonados.
"Acapulco está caliente."
No fue el huracán Otis el que destruyó Acapulco, es la delincuencia en complicidad con las autoridades quienes los están acabando. Todos lo sabemos, pero lo queremos invisibilizar.
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