En diciembre de 2022 decidí retirarme de los festivales musicales. El Hell & Heaven terminó con mi humanidad. Aunque feliz, descubrí que además de las rodillas pueden dolerme otras partes del cuerpo que no sabía que rabiaban tras el constante ir y venir de un escenario a otro. También descubrí que las crudas me duran cuatro o cinco días. Entonces, ¿para qué sufrir lo que en idea debe disfrutarse? Desde entonces decidí buscar sitios pequeños para escuchar música. Bares, cantinas, chelerías y una pulquería han representado la oportunidad para gozar la música en vivo porque no lo he dicho, pero me gusta la música en vivo. A veces con gloria y otras con sensaciones lamentables, casi siempre terminó en sitios donde se tocan los covers de toda la vida y en los que el público repite hasta el cansancio las mismas interacciones entre el cantante y ellos.
Sin embargo, a veces la vida te da sorpresas. Hace unas semanas recibí la invitación por parte de Emmanuel Rincón, bajista de Cósmico Rufián, para asistir a una tocada.
- ¡Va! ¿Cómo está el asunto?
- Vamos a grabar un en vivo tocando algunas de nuestras rolas nuevas.
No dijo más. La fecha llegó y después de un largo trayecto arribamos al lugar donde se llevaría el show: una casa en las orillas de Naucalpan. En el jardín ya estaba dispuesto lo necesario: algunos tablones, sillas, cervezas y un aroma a sofrito norteño que invitaba a que los minutos transcurrieran. Los músicos afinaban sus instrumentos y Emmanuel hacía las últimas pruebas de sonido. Alguien más se aplicaba con el video colocando los dispositivos de forma estratégica. Se destaparon las primeras cervezas. De a poco arribaron amigos y familiares quienes dispusieron los oídos para disfrutar el concierto.
Por la Red, fue la canción por la que llegué a Cósmico rufián. Se trata de un sencillo fresco que invita a disfrutar la bebida y pasado el segundo minuto, incluso, invita a aplaudir. Con música denominada indie, los Rufianes son una banda que va en serio, que no están jugando y buscan pegar desde su trinchera.
Es cierto que la industria musical ha evolucionado, que en la actualidad se consumen sencillos y que difícilmente se puede conocer a una banda por una lista de canciones. Es como un rompecabezas. Mientras pienso en esto, la banda arriba al escenario. Él es ella, canción que pude escuchar en primicia, me recuerda que no sólo la música vive nuevos tiempos, también el entorno cambia de forma constante. La canción tiene una letra directa que me hace pensar en los secretos de quienes me rodean. Sigue Temoaya’s dream o lo que para mí es el sonido de las bandas que gustan de la fiesta porque el rock sigue siendo eso: fiesta, desmadre, música que te invita a menearte para sacudirse la modorra. Si una banda no logra eso, está perdida. Siguen con mi canción preferida, la ya citada Por la red. Descubro que el guitarrista destaca en su instrumento, que se escucha igual que en la grabación, cosa que agradezco. Lo injusto está en el bajo, siento que debería retumbar más, sin embargo, es en esta canción donde puedo escucharlo unos segundos antes de que entre nuevamente la guitarra. Estoy satisfecho. Destapo la segunda caguama. Estoy bebiendo demasiado rápido y ya puedo prever las consecuencias en las próximas doce horas. Me concentro en el final de la canción. Los aplausos estallan. Con Paradoja, los Rufianes me recuerdan que las influencias de los clásicos prevalecen. El inicio es una joya, después la guitarra te invita a bailar. Reconozco que tengo un poco de problema con el estilo del vocalista, pero bueno, el frontman es él y yo apenas soy un simple espectador que no pagó su entrada. Las bandas de garaje de mi época soñaban con ser los clones de las que en ese momento dominaban MTV. Para los Rufianes Overdrive me permite entender que sus deseos por destacar están en su música, en lo que hacen, por eso le pegan bien a sus instrumentos. Eso se agradece en la actualidad donde muchos grupos se presentan con pistas pre grabadas. Veo al público mover la cabeza y entrar en ambiente. Yo voy por mi tercera caguama y no ha pasado ni una hora. Me siento feliz y con ganas de más. La batería toma una potencia hasta entonces discreta, cumplidora. Rock en su estilo casi puro. La banda se despide. Con cinco canciones puedo ejercer mi derecho al aplauso y por supuesto, a pedir otra canción más. Sin embargo, la sesión ha terminado. ¡Demos gracias al rock!
Hago algunas anotaciones en mi celular para no olvidar lo que he presenciado. Me percato que he comenzado a arrastrar las palabras. Me dispongo a escuchar otra banda, una de covers, pero esa historia es para otra ocasión.
Dejó a continuación la sesión en vivo de Cósmico Rufián ¡Dense y saquen su propia conclusión!

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