El primer minuto del 9 de agosto miles de jóvenes ingresaron a la plataforma del Comipems para conocer los resultados del examen que los coloca en una institución educativa del nivel medio superior. Días antes, solicité a mis estudiantes que me hicieran saber sus resultados. Tal vez por la hora o como una señal de malas noticias, pude dormir sin problemas hasta casi el medio día.
Alice, una de mis mejores estudiantes, fue quien obtuvo el mejor resultado: fue asignada a su séptima opción. Aunque no quiso confiarme el total de aciertos obtenidos, calculo que estuvo por debajo de la media. Me confió que se inscribiría en esa escuela a pesar de saber que se encuentra en una zona muy insegura de Naucalpan. Le preocupa que en la colonia donde se encuentra la preparatoria han aparecido muertas algunas muchachas, pero confía en que a ella no le va a pasar nada. Su primera opción eran dos CCH’s, un CECyT, dos Escuelas Preparatorias Estatales y el Colegio de Bachilleres número 5. Alice es una estudiante constante, pero los problemas de salud frenaron su preparación. Creo que pudo obtener un mejor resultado. En sus palabras se percibe cierta tristeza pues su ilusión era entrar al CCH. Cuando le pregunto por qué, no me sabe responder. Al igual que muchos jóvenes de Naucalpan, la idea de ingresar al CCH es por mera tradición, porque sí, porque todos quieren ir ahí, porque tienen la suerte de que su municipio albergue un Colegio de Ciencias y Humanidades, pero desconocen cuál es el beneficio de ingresar a dicha institución. Tampoco dimensionan los problemas comunes que aquejan a ese plantel.
Otro ejemplo de este deseo es Mina quien, a sus quince años, está resuelta a no estudiar durante un año. ¿La razón? No ingresó al CCH. Desafortunadamente, nadie le dijo que preparar el examen de ingreso implica estudiar decididamente. La chica cursó el último grado de secundaria en mi escuela. Por la cantidad de materias reprobadas en su escuela de procedencia resultaba imposible que terminara ahí. Nadie le informó que un promedio también puede hacer la diferencia entre una asignación y el rechazo. Su 6.4 no la respaldaba. Únicamente colocó dos opciones en su registro: CCH Naucalpan y CCH Rosario. Por parte de su madre no hubo recomendaciones respecto a esa decisión. Yo, como parte de mi trabajo, traté de abrirle el panorama, de mostrarle otras opciones. La idea de ingresar al CCH estaba fija, pero la cantidad de aciertos conseguidos no fue suficiente. Ahora dice que trabajará y el siguiente año volverá a hacer el examen. No ha querido escuchar que además de los aciertos, el promedio es importante. “Pues si no se puede, me meto a la prepa abierta.” Pienso que ni siquiera seria opción, pero no se puede hacer más. Le deseo suerte en la vida.
Liz fue asignada a su última opción. Apenas logró 31 aciertos. Su madre me hace saber que la niña también quería entrar al CCH, pero “como nadie la ayudó a llenar sus opciones hizo un revoltijo y metió otras escuelas. Unas ni siquiera son de aquí.” Liz quiere seguir estudiando sin importar que no sea el CCH, sólo que sea una escuela cercana y barata. Tras escuchar a la señora, pienso: ¿Nadie le ayudó? ¿A la escuela que sea? ¿Una escuela barata? Me reservo mis apreciaciones, incluyendo las relacionadas con la importancia de la lectura de comprensión en alumnos y padres de familia. Le deseo suerte en la vida.
El examen de ingreso a nivel medio superior del Comipems parece tener un problema: no satisface los deseos de los jóvenes por ingresar a instituciones concretas. Para el 2025 existe la posibilidad de que este examen desaparezca. La UNAM y el IPN, por su parte, han comunicado que ellos realizarán su propio examen de ingreso mientras que la presidenta electa, Claudia Sheimbaum Pardo, afirma que el certificado de secundaria es válido para que cualquier estudiante acuda a la escuela más cercana a su comunidad y se inscriba, por lo que el examen del Comipems ya no será necesario. Lamentablemente, la mayor demanda está centrada en las escuelas de la UNAM y el IPN y su oferta no corresponde con la enorme solicitud que tiene la institución. Es claro que estas dos instituciones no tienen el presupuesto para abrir los espacios que se le demandan. Es evidente que a pesar de que existen otras opciones educativas, a los jóvenes no les resultan atractivas. Otro enorme problema es que no existe una adecuada orientación vocacional, por lo que muchos estudiantes consideran que las escuelas de la UNAM y el IPN son las únicas opciones a las que vale la pena ingresar. Las preparatorias oficiales del estado de México no son opción para todos y el resto de las instituciones podemos considerarlas como instituciones de relleno aunque considerando los resultados en sus niveles de egreso, son bastante importantes.
Entre los días 9 y 11 de agosto, miles de estudiantes analizaron con sus padres y tutores la opción educativa que les fue asignada. La viabilidad para inscribirse tiene diversos criterios, pero resaltan dos: nombre de la institución y distancia. El tercer criterio es el económico: cuota de inscripción, de sociedad de padres, si la institución requiere el uso de uniformes, etc. Muchos analizaron la posibilidad de elegir otra opción, pero ¿cómo? Frente a la cantidad de movimientos que se realizan cada año entre los estudiantes inconformes, el Comipems habilitó un enlace para considerar una re asignación. Si un estudiante no fue designado a alguna de sus primeras opciones y sí a las de relleno, y aun así el estudiante no se encuentra convencido, puede ingresar a ese enlace donde se registra para que se evalúe la posibilidad de ofrecerle lugar en otra de sus opciones de relleno.
Jan es buena estudiante. Motivada por sus padres realizó su registro al examen. Fue su madre quien realizó la captura de datos y opciones. Lamentablemente, se equivocó al escribir la clave de la carrera técnica que su hija deseaba. Seguro pensó que no pasaría nada pues ocurrió con una de las varias opciones de relleno. Comipems le asignó dicha opción y ahora la niña tendrá que cursar una carrera que no contempló. Sus padres la persuadieron para que se inscriba en la escuela asignada y evitar más trámites con el proceso de re asignación.
Desde el principio, Chucho tuvo muy claro el criterio para elegir sus opciones educativas: escuelas cercanas a su casa, no importa cuáles. En su hoja de registro consideró diez, de la más cercana a la que le queda más lejos. Se quedó en su primera opción: Conalep. Pero Jesús no desea ingresar a esa escuela debido al absurdo estigma que carga esa escuela. Aunque sus padres le han dicho que es una opción como las demás, Chucho le ha pedido a su papá le ayude a inscribirse en otra escuela. Su papá desconoce el proceso de reasignación y durante la mañana del 12 de agosto recorrió varias escuelas en las que le hicieron saber que no hay cupo.
Entre los días 9 y 10 de agosto, cientos de estudiantes no dudaron en presumir en sus redes sociales sus casos de éxito. Padres orgullosos tampoco perdieron la oportunidad de hacer lo propio. Personalmente, no vi publicaciones de estudiantes orgullosos por ingresar a una institución técnica. Tampoco vi publicaciones de jóvenes orgullosos por haber sido elegidos en su segunda o tercera opciones, menos a los que se fueron a las escuelas de relleno. El enojo, la tristeza y la frustración no tiene cabida en las redes sociales de los adolescentes. Si encontré publicaciones de adultos ofreciendo palabras de ánimo, pero la adultocracia no comprende que una publicación en redes sociales es efímera. Me llamó la atención la publicación de un psicólogo ofreciendo apoyo emocional gratuito a quienes no fueron seleccionados en la opción deseada.
También es importante destacar que las redes se inundaron de publicidad de escuelas privadas ofreciendo becas a los rechazados. Esta será la opción viable para muchas familias, no importa que sean preparatorias de dudosa reputación. Este tema sirve para otro análisis.
Por lo anterior me pregunto: ¿vale la pena seguir manteniendo el examen de ingreso de Comipems?
No debemos pasar por alto que para cambiar muchos aspectos negativos de nuestro país la educación es indispensable, sin embargo, tampoco debemos olvidar que las escuelas no pueden mantenerse como nichos de exclusión. Hoy más que nunca está comprobado que la educación discrimina, que el examen de ingreso al nivel medio superior y superior son ejemplos claros. Ni los estudiantes, ni los padres de familia quedan conformes en su mayoría. Hoy resulta indispensable implementar nuevos mecanismos de ingreso al bachillerato, pero también es importante retomar la orientación vocacional en las secundarias, la reprobación en el nivel básico, la auto crítica de los padres, y lo más importante, que los alumnos retomen hábitos de estudio más exigentes para dejar de conformarse con únicamente aprobar el año.