sábado, 20 de diciembre de 2025

El poder de John Bush

Anthrax fue mi primera banda preferida. Antes que Pantera, Metallica o Cannibal Corpse, los oriundos de New York lograron atraparme con su sonido rápido.

A pesar de que entre mis compañeros de clase no existían seguidores del grupo, en algún intercambio de cintas me llegó la cinta Persistence of Time. Siguiendo la tradición adolescente de aquellos años, fui hasta el Samborns a buscar en las revistas de heavy metal alguna pista de ellos. Gracias a eso supe que ya tenían varios discos y me encapriché por conseguirlos, en ese momento apelando a lo más cercano a mis recursos económicos: la piratería. Debo decir que fue gracias a Anthrax que conocí a Testament, Exodus y a Slayer. Si bien, los últimos me resultaron más atractivos, nunca han superado esa extraña predilección por Anthrax.

Cursaba mis primeros meses de preparatoria cuando en la televisión abierta se lanzó un programa de vídeos musicales: El Planeta 6205. En su rotación había una sección dedicada al rock y si bien proyectaban por igual vídeos de bandas mexicanas como Maná, La Maldita Vecindad o Real de catorce, ahí pude ver también a grupos como Morbid Angel o Carcass.

Y fue justo en esa extraña rotación donde descubrí el vídeo Only aunque algunas cosas captaron mi atención de inmediato: el sonido no era el clásico del thrash, ni su vocalista era el matudo con copetito que conocía. ¡Qué más daba! Conecté inmediato con la canción y tuve que esperar la repetición del programa en la madrugada para cerciorarme que fuera el grupo que ya conocía. Y sí, eran los mismísimos Anthrax sólo que Joe Belladona se había ido del grupo y su lugar el micrófono estaba ocupado por un tal John Bush. Cabe aclarar que de eso me enteré después ya que todavía estábamos lejos de la era del Internet en el que las dudas se aclaraban con un poco más de tiempo.

Fui muy afortunado de tener amigos pudientes durante mis años de bachillerato. Pudientes y compartidos. Gracias a Guillermo y Julissa (en realidad a loss hermanos de la segunda) pude enterarme de los motivos que habían llevado a John a cantar en el grupo. Sabiendo mi devoción por Anthrax, Julissa no dudó en prestarme el Sounds of White Noise, álbum debut del otrora cantante de Armored Saint. Ese disco se convirtió en mi favorito. El sonido crudo le hace justicia al bajo y a la bateria y no le resta protagonismo a la guitarra de Scott Ian al tiempo de resaltar la voz rasposa de Bush logrando que ésta brille.

Si bien Only fue el sencillo más promocionado, para mí C11 H17 N2 O2 S Na se convirtió en mi canción preferida al grado que le pedí de favor a mi profesor de química, José Arévalo, que me dijera qué significaba aquella fórmula. No sólo lo hizo sino que también me explicó el uso de dicha droga lo que me ayudó a entender la canción una vez que mi maestra de inglés me ayudó con la traducción.

Ese álbum me gusta de principio a fin, pero además de Only y Sodium Pentathol, Porters Fields, Run for One y Black Lodge, son mis canciones preferidas, esta última por el trabajo vocal de Bush en el que demuestra que no sólo puede desgarrarse sino también cantar con moderación y sosiego.

Por alguna razón el álbum Stomp 442 no figuró durante muchos años en mi radar y fue hasta el 2006 o 2007 que lo escuché por vez primera. Caso diferente fue el Vol. 8: The Threat is Real que compré apenas lo vi en la tienda y donde participan Phil Anselmo y Dimebag Darrell, de Pantera, ya para entonces mi banda preferida. A ambas bandas las vi un año antes en el Palacio de los Deportes por lo cual me siento afortunado. Aunque Crush e Inside Out fueron los sencillos, mis canciones preferidas fueron Born Again Idiot, Killing Box, The Bends y Pieces donde toda la banda muestra una cara diferente al tocar canciones alejadas al atasque auditivo y en las que Bush nuevamente hace gala de su voz.

El último disco de John con la banda fue We´ve Come for You All y debo decir que al igual que con Stomp 442, pasaron varios años para que pudiera escucharlo.

Es una lástima que los discos en los que participó este cantante no hayan sido un éxito comercial para la banda y con excepción de Sounds of White Noise los otros tres estén considerados un fracaso total. Particularmente me parecen discos muy buenos, pero debo reconocer que se encuentran alejados al espíritu trashero del grupo, como si se tratara de otra banda. Considero que el peso de estar en una banda llamada Anthrax le cobró la factura a John Bush.

Hace pocos años mi amigo Jorge Tadeo, al conocer mi gusto por Anthrax me recomendó escuchar un super grupo llamado Categorý 7. Lo hice y me llevé una gran sorpresa. Con integrantes de Machine Head, Overkill, Exodus y Shadows of Fail, Bush vuelve a las andadas demostrando la clase de vocalista que es.

Hace un par de años tuve la fortuna de leer una entrevista en la que John relata su tortuoso pasado con Anthrax y donde reconoce su decepción por el poco reconocimiento a su trabajo afirmando que económicamente ganaba una miseria.

Escribo este texto a propósito de los tres conciertos que John Bush ofreció por estos días en Estados Unidos. Tres fechas para los fans que sí valoramos su paso por Anthrax y que estamos convencidos que su voz le dio fuerza y crudeza al grupo.

En el show celebrado en el mítico Whiskey a Go Go, el setlist fue el siguiente:


01. Potters Field
02. Random Acts of Senseless Violence
03. Refuse to be Denied
04. Inside Out
05. Cadillac Rock Box
06. Hy pro glo
07. Catarsis
08. 1000 points of Hate
09. Black Dhalia
10. Black Lodge
11. King size
12. Safe Home
13. Room for one More
14. Fueled

Encore:

15. What doesn¿t Die
16. Only

La envidia nunca es buena, pero hubiera ofrendado un alma ajena a cambio de presenciar ese set list y cantar frente al que desde mi gusto es el vocalista que más fuerza le ha dado a Anthrax: John Bush. A cambio me tengo que conformar con escribir este texto que él no va a leer.

lunes, 15 de diciembre de 2025

Pide un deseo

Cierra los ojos y pide un deseo —dije con una voz que salió ridícula, casi paternal—. Perla sonrió antes de cerrar los ojos y cambiar su semblante de asombro por uno meditabundo, serio. Los cinco segundos que se mantuvo en silencio me parecieron eternos. Después sopló la vela y sin que yo se lo pidiera se lanzó sutilmente contra el pastel para darle una pequeña mordida.

Luego llegaron muchos abrazos y arrumacos. En lo más recóndito de mis pensamientos nacieron las ganas de hacer algo más, pero en ese momento me conformé con sentirla entre mis brazos.

* * *

Un destello de luz rompió el grosor de la cortina estrellándose directo contra mi cara. Me moví un poco. Descubrí un vacío al otro extremo de la cama. Me incorporé y aún somnoliento busqué mi reloj sobre el buró. Faltaban un par de minutos para las 5:00 de la tarde. El ruido del agua de la regadera me regresó del sueño.

Perla, con el cuerpo completamente enjabonado, sonrió cuando me vio cruzar la puerta del baño. Extendió su mano y me invitó a entrar con ella a la ducha. No me resistí. Al verme avanzar, se movió dos pasitos al costado para que yo quedara bajo la cascada. Siguiendo una costumbre que nació desde nuestro primer encuentro, comenzó a enjabonarme la espalda para después rodearme con sus brazos. Sentir sus pechos resbalosos aplastándose contra mi cuerpo, me resultó placentero. Deseé que esa sensación nunca terminara.

Acostados en la cama, esperamos a que se nos secara la piel. Mientras ocurre, Perla me platica boberías. Detecto contradicciones, pero no me atrevo a señalarlas por temor a que deje de contarme lo que piensa. Sé que cada fantasía esconde un deseo que yo estoy dispuesto a cumplir aunque pienso en el mayor impedimento: su esposo. A cambio, me conformo con estar con ella dos o tres veces al año. Su cumpleaños es nuestra fecha obligada.

—¿Cuál fue tu deseo la primera vez que te compré un pastel de cumpleaños? —le pregunto cada año mientras hacemos el ritual de pedir un deseo, soplar la vela, morder el pastel y partir un par de rebanadas. Hace nueve años que conozco la respuesta, pero me gusta que la repita—.
—¡Estar contigo!
—¡Lo sabía! Bueno, pide otro deseo.

Perla cierra los ojos y cambia su semblante por uno meditabundo, serio. Sopla la vela y de inmediato se lanza con sutileza contra al pastel. La crema que le queda en los labios la comparte conmigo a través de un beso empalagoso. Después, viene el verdadero obsequio.

Mientras disfruto su cuerpo, suena su teléfono.

—¡No respondas, por favor!
—Tengo que contestar, lo sabes, pero tú no te detengas.

Mis embates se vuelven feroces cuando escucho esa voz masculina exigiendo todas las explicaciones de su ausencia. Ella habla con tranquilidad reprimiendo cualquier ruido. Si penetro su cuerpo con más fuerza, ella ahoga los gemidos. Con intención,me vuelvo un bruto. Perla, en tanto, trata de ofrecer detalles para reafirmar sus mentiras. Quiero detenerla, decirle que hay muchas contradicciones en lo que explica. Hay cosas que ya ha dicho en años anteriores y  es muy probable que eso la delate. Es mejor que nos apuremos, que terminemos y entremos a la regadera para poder salir limpios del hotel.

* * *

Perla lleva una hora sobre la cama. Ni siquiera ha terminado de desnudarse y yo ya agoté la mitad del tequila que le compré para esta ocasión. No me gusta el tequila, pienso mientras la observo incorporarse y manotear. La voz en su teléfono le exige su presencia inmediata y amenaza con represalias que me parecen deun fanfarrón. Me dan ganas de arrebatarle el teléfono y terminar la llamada. Me contengo las ganas de arrancarle la ropa y hacerle el amor con las mismas ganas que el año anterior.

Me acerco para rodear su cintura y morder suavemente su cuello. Me evade. Los minutos transcurren y yo me desespero. Le toqueteo las nalgas en un juego que nunca falla, pero ella se aleja sutilmente. Camina directo al baño y se encierra. Minutos después escucho su llanto. No me atrevo a invadir su privacidad, pero han pasado casi dos horas y aún no he podido saludarla debidamente. Nunca debió casarse con ese tipo.

Entro al baño y la descubro bajo la ducha. Esta vez no me invita a colocarme bajo la cascada. Tomo la iniciativa y trato de enjabonar su cuerpo. Perla no se resiste, pero hay un desgano evidente. No está conmigo, no está en esta habitación. Sus lagrimas se confunden con el gua. Esta vez no esperamos a secarnos sobre la cama. No hay charlas bobas, ni fantasías acerca de lo que desea para un futuro a mi lado.

Aún mojados y enredados en las toallas apestosas a cloro damos inicio con el ritual que iniciado hace diez años, cuando la encontré por casualidad el día de su cumpleaños. Entonces su novio no llegó a donde la había citado para festejar y ella sólo buscaba a alguien que quisiera festejarla. Ni siquiera le pedí permiso para sentarme. Traté de animarla y le compré un pequeño pastel.

Igual que entonces, cuando era una adolescente, le pedí que cerrara los ojos y pidiera un deseo. Lo hizo y de inmediato me dijo que fuéramos a otro lado.

Esa tarde se prolongó hasta la madrugada. No importó que su teléfono no dejara de sonar.

—¡Sólo quiero festejar! Dime que vas a festejarme mi cumpleaños cada año. ¡Promételo!
—¡Lo prometo!
—¿Cada año, sin faltar a tu promesa? 
—Cada año...
—¿Pase lo que pase?
—Pase lo que pase.

* * *

—¿Cuál fue tu deseo cuando cumpliste 18 años?
—¡Que me cogieras!
—¿En serio?
—Ya lo sabes, pero esa vez no quisiste. ¿Te dio miedo? te perdiste mis mejores años y cuando pasó fue por mera casualidad. Fuiste tú, pero pudo haber sido cualquiera. iba a elegir al primero que llegara.

El teléfono suena y ella responde con desgano.

—¿Qué quieres? —una voz masculina se escucha lejana—. Si ya sabes ¿para qué me pides más explicaciones? Si, con él... Si, al rato... Si, como quieras.

Perla termina la llamada y me observa. Parece molesta. En esta ocasión no hay besos, no hay ducha ni el ritual del pastel que después de tantos años, parece sobrado. Saco de la bolsa el domo de plástico con un pastel individual. Ella no disimula su semblante incómodo y se postra frente al pastelito. 

—¡Pide un deseo!

Sin cerrar los ojos, se apresura a apagar la vela. Esta vez se abstiene de la mordida y guarda la tarta en el domo para después meterlo en la bolsa. Sin mayor protocolo se levanta de la cama y se dirige a la ventana donde se quita la ropa de forma apresurada. Cogemos por coger con el sonido del teléfono repicando a nuestras espaldas. Perla se aleja para responder. Me indica con un ademán que vaya nuevamente hasta ella. La penetro con la furia que provocan los celos. por primera vez no reprime sus gemidos. Cuando mis embates se vuelven salvajes, grita. Lanza el teléfono a la cama y me pide que termine.

Cinco minutos después sale de la habitación. Intento seguirla, pero algo me dice que es mejor dejarla sola.

Al salir, descubro el pastel en el bote de basura. Camino un tanto frustrado. 

Un par de golpes secos se escuchan en el ambiente. La gente grita. Una multitud se arremolina a mitad de la calle. yo ni siquiera me atrevo a voltear y reprimo todo intento regresar sobre mis pasos.

—¡Feliz cumpleaños, bonita! —me digo antes de escuchar otros dos golpes secos y sentir la vista nublada—.

Lo último que puedo escuchar es una voz que me maldice.

Al final, todo se pone negro.

jueves, 11 de diciembre de 2025

Puertas

Desconozco de dónde proviene la milenaria tradición de adornar la puerta del salón de clases, pero se la ultramaman con ese detalle. La creatividad es supina y los gastos onerosos. Maestras y maestros establecen una mordaz batalla´por llevarse el triunfo en una competencia no oficial. Su esmero me recuerda la película Battle of the Bulbs donde dos hombres no escatiman en creatividad, egos y dólares para colocar el mejor adorno de luces en sus casas. Es casi lo mismo, pero aquí se usan foamy, tela y papel, por decir lo menos.

He visto puertas sencillas con un simple pino trazado con escarcha y decorado con esferas, pero también puertas que retratan la ciudad de Belén enalteciendo el pesebre donde nació Jesús. Y sí, con todo y figuritas de papel. "¡Qué humor!" —digo para mis adentros cuando aprecio los detalles—. Yo, que no soy capaz de adornar siquiera la puerta de mi casa, menos me imagino dedicando tiempo y recursos a una labor que el 7 de enero irá directo al bote de la basura.

Encontré un vídeo en el que una maestra platica que ella decora no sólo la puerta sino toda el aula porque seguramente ese será el único lugar donde sus alumnos vivan la navidad. La escucho hablar y sólo puedo pensar que su sueldo debe ser de los más altos dentro del magisterio. Calculo no menos de $3000 en papel y adornos para materializar una villa navideña. La Maestra también aclara que está por armar los dulceros y comprar las golosinas para sus pequeños. Entonces recuerdo que ahora está de moda ser creador de contenido y lo importante es destacar, figurar, convertirse en estrella digital. Todo sea por las vistas y los likes.

Amigas dedicadas a la docencia han comenzado a compartir en redes sociales sus puertas decoradas. Ver sus fotos y vídeos me hacen pensar en las habilidades, humor y paciencia que Dios me negó. Una de las puertas más bonitas es la de Emma que colocó un cascanueces y papel que simula un salpicón de nieve. Simple y bonita.

Estos días he observado a mis estudiantes poner empeño en la decoración del salón motivados por una de mis compañeras. Compran materiales, trazan moldes, recortan foamy, pegan papel, cuelgan series y se esmeran más que en sus clases diarias. Se muestran felices con la actividad. Guardo el más respetuoso silencio y a cambio recibo comentarios que me asemejan con un personaje llamado Grinch. "Soy más adepto de Krampus, pero nadie está preparado para esa charla", —pienso—.

Este año la Mtra. Margarita osó adornar la puerta de mi aula (en realidad todo el salón) pensando en encender la llama de mi espíritu navideño. Casi lo consigue. Lo bueno es que ya casi salimos de vacaciones y unos días en la playa me harán olvidar lo que significa la navidad con pinos, nieve, luces y nacimientos.

domingo, 7 de diciembre de 2025

La vida pasa

Éramos niños. Teníamos 6 o 7 años cuando murió Don Fernando Martínez, el esposo de Doña Rosa. Si lo pienso, no era tan grande, tenía 41 años el día de su deceso. Él y su esposa eran muy jóvenes, pero nosotros los veíamos como dos ancianos. En esos tiempos, para nosotros, todos los papás eran viejos.

Durante su velorio, los niños aprovechamos para jugar canicas y fútbol, también correteadas y escondidillas. De pronto, frente al llanto a gritos de los dolientes ahogábamos las risas y en silencio contemplábamos el dolor de los adultos. Después reanudábamos el juego.

Al caer la noche nos sentamos en la banqueta. Nuestras respectivas madres nos dieron pan y café con leche para merendar y todos, en un improvisado círculo, hablamos del difunto, del significado de la muerte y nos retamos para acercarnos al féretro. Las niñas fueron las más valientes. Rosa, Carmen y Rosalía hicieron una comitiva para ir ante los despojos de Don Fernando. Los demás esperamos en la banqueta.

Cuando las niñas regresaron no hubo comentarios, únicamente un profundo silencio. Ellas ya no quisieron platicar y de a poco se retiraron a sus casas a dormir porque si o sí, al otro día tendríamos que ir a la escuela mientras Fernando Martínez de la Garza, el papá de nuestro amigo Jorgito, era sepultado en el panteón municipal.

* * *

Me declaro abiertamente ateo, pero como muchos, recibí una formación católica que me ayuda en momentos como este. Con los dedos cuento cada Ave María y sé que los sábados se rezan los misterios Gloriosos: la resurrección y ascención del Señor, le venida del espíritu Santo y La Asunción y Coronación de la Virgen. Los que saben, entienden a qué me refiero.

A lo lejos escucho el juego de los niños y me recuerda cuando tenía 6 o 7 años. Juegan bajo la mirada lapidante de sus madres que exigen silencio y respeto. Yo sonrío mientras estiro el décimo dedo, escucho un “Gloria” y me santiguo con una cruz chueca formada con los dedos.

* * *

La vida te sitúa en diversos puntos: la alegría, la tragedia, la calma, el monotonía, el dolor. Cuando tenía 6 o 7 años el dolor de los adultos era motivo para que los niños siguiéramos siendo niños y aprovechamos las tragedias para jugar y reír.

Hoy entiendo el dolor de los mayores mientras veo las cruces hechas con flores y envidio la alegría de los niños que aún no saben de las pérdidas que vamos acumulando los más grandes. Espero que disfruten. La vida pasa rápido y en un tiempo a ellos también les tocará velar a sus seres queridos.

La rezandera lleva 13 aves María. Cree que no nos damos cuenta, pero los que estamos aquí aunque nunca vamos a la iglesia, algo le sabemos a los rosarios. En los últimos años hemos velado ya a varios de nuestros mayores.