jueves, 17 de abril de 2025

Vacaciones

Soy de los afortunados que tienen vacaciones. Dos semanas, para ser exacto. Mi profesión aunque vilipendiada en años recientes, aún considera el descanso como un derecho y no como un privilegio. Sé que mucha gente desearía la mitad de los días de asueto que tengo, pero también sé que difícilmente podrían soportar la presión de la docencia.

Son las 7:30 a.m. y el teléfono no para de sonar. Una señorita insiste en que le responda una llamada. La misma señorita que anoche quería hacerme una visita domiciliaria para entregarme unos materiales de consulta y un nombramiento como funcionario de casilla. ¡Demonios! Incluso tuve que poner pausa a la película de Bob Dylan para responder sus mensajes. Le hice saber que me encontraba de vacaciones, lo que para mí significaba que no quería saber nada en ese momento. A cambio recibí una seguidilla de preguntas que me pusieron de malas: "¿Cuándo regresa? ¿Sabe el día exacto? ¿A qué hora podré encontrarlo? Pero, ¿es seguro que ya esté ese día? Tendremos un curso de capacitación aprovechando que mucha gente está descansando." Reiteré que me encontraba de vacaciones y que apenas tuviera definido mi futuro me pondría en contacto con ella. Colgué.

7:35 a.m. Decido no responder la llamada. A cambio recibo mensajes dándome los buenos días. En los últimos años el INE me ha considerado para participar como funcionario de casilla en cualquier evento en el que haya que armar mamparas, colocar urnas, contar votos, llenar actas y pegar sábanas de resultados afuera de los centro de votación. "La gente ya no quiere participar", me confió alguna vez una CAE del Instituto. Yo afirmo que no soy funcionario de casilla profesional, pero $650 son $650 los cuales no gano viendo televisión. A las 8:03 la señorita del INE vuelve a marcar. Sólo un par de veces. Me manda un audio que no pretendo escuchar.

Decido levantarme. Mientras me preparo un té, tocan el timbre. Me asomo por la ventana. Una señorita me saluda con una sonrisa afable. Me pregunta si puedo responder una encuesta. Le hago saber que estoy desayunando. Se despide. Minutos después llaman unas señoritas con uniforme de Coppel. Buscan a una persona que no soy yo y que no vive aquí. Ellas insisten para que les dé información acerca de alguien que no soy yo y que menos vive aquí. ¿Cómo les hago entender lo que ya dije en mi afirmación?

Mientras lavo los trastes, suena el timbre. Me asomo por la ventana. "Mercado libre", grita el jovenazo que además de entregarme un paquete, me pide que pose para su cámara para tomar la evidencia de la entrega. ¿Se habrá dado cuenta que ando en pijama y no me he afeitado en seis días? ¡Estoy de vacaciones!

Antes que otra cosa suceda, cierro las ventanas y corro las cortinas. Trato de hacerle saber al mundo que no hay nadie en casa. El timbre suena un par de veces mientras escribo este triste texto. Hay gente que trabaja mientras otros descansan. Es su oportunidad para producir, pero no entienden que otros no queremos saber nada del mundo exterior. que únicamente tratamos de relajarnos.

Creo que me escaparé unos días al mar aunque allá tenga que lidiar con los vendedores de artesanías y los niños que hacen alguna suerte a cambio de unas monedas. Prefiero eso que tener que abrir mi puerta o contestar el teléfono una vez más.

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